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| Mural realizado en Montevideo por Lucia Lago |
A lo largo de la historia, los seres humanos han buscado
relacionarse unos con otros para satisfacer necesidades emocionales, sociales y
físicas, lo que nos permite compartir información y experiencias, construir
relaciones significativas, y desarrollar un sentido de pertenencia. En este
sentido la esencia de las relaciones humanas radica en la conexión, la
comunicación, el trabajo, la construcción colectiva, entre otras tantas. Las
interacciones humanas son esenciales para la transmisión de conocimiento, valores
y tradiciones culturales, contribuyendo a la cohesión y la continuidad de la
sociedad a lo largo del tiempo.
El impacto de la tecnología y la inteligencia artificial (IA) en la sociedades es cada vez más relevante. La tecnología, en sus inicios, prometía un potencial impresionante, incluyendo la capacidad de conectar a las personas a nivel global en cuestión de instantes y facilitar la organización colectiva. Sin embargo, su impacto ha sido ambivalente. Por un lado, ha democratizado el acceso a la información y ha permitido que nos enteremos de lo que sucede al otro lado del mundo en tiempo real. Por otro lado, ha generado una creciente desconexión social al promover interacciones superficiales y virtuales en detrimento de relaciones interpersonales significativas cara a cara, fomentando así el individualismo, pero no solo eso, sino que también trae consigo la revolución en nuevas formas de trabajo, de producción, (re)significandolo y generando - a mi entender- un extrañamiento aún mayor con el trabajo, con la producción y del producto. Me refiero mas exactamente a la separación o alienación que experimentamos los y las trabajadores respecto a la actividad laboral y al producto de nuestro trabajo. Me animaría a decir que estamos en los albores de como decía MARX la alienación del "Genero Humano", que refiere a la perdida de la esencia humana en el trabajo. donde perdemos el potencial desarrollo de la creatividad, de las habilidades y potencialidades. Convirtiéndonos en meros apéndices de las maquinas reduciéndonos a meros instrumentos de producción.
Cada vez más, las personas dedican su tiempo a interactuar con dispositivos electrónicos en lugar de compartir experiencias y emociones con otros seres humanos, lo que puede llevar a la pérdida de empatía y a una disminución en la capacidad de relacionarse auténticamente con los demás. Además, la tecnología ha alimentado una cultura de auto exposición excesiva y narcisismo en las redes sociales, donde se compite por la atención y validación de los demás.
Es visto que contribuye al
aumento de la violencia a través de la difusión de información errónea y la
desinformación en línea. Las plataformas de redes sociales y los medios
digitales son utilizados para propagar discursos de odio, radicalización y
desinformación, lo que alimenta tensiones sociales y colabora en la
polarización. Además, la tecnología también puede facilitar la planificación y
ejecución de actos violentos, como el ciberacoso, el ciberdelito y el
terrorismo en línea.
En cuanto a la pérdida de sentido común, la tecnología y la IA pueden contribuir a la creación de filtros burbuja, donde las personas solo están expuestas a información que confirma sus propias creencias y puntos de vista. Esto puede llevar a una pérdida de perspectiva y comprensión de la diversidad de opiniones y experiencias en la sociedad. Además, la tecnología también puede socavar la capacidad de las personas para discernir entre información confiable y engañosa, lo que puede contribuir a una mayor confusión y polarización en torno a cuestiones importantes.
Nos enfrentamos a una encrucijada en la que debemos
reflexionar profundamente sobre el estado de nuestra sociedad y el camino que
estamos siguiendo. ¿Estamos dispuestos a reconectar con lo público, a preservar
nuestra memoria colectiva y a construir un futuro en el que nos podamos unir en
nuestra diversidad? La respuesta a estas preguntas determinará el destino de
nuestra sociedad y el legado que dejaremos a las generaciones futuras.

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